Sor María Josefina

También me tocó comenzar esta casa de Noja, donde he palpado sensiblemente la Providencia de Dios en medio de todas nuestras necesidades espirituales y materiales. "¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor!"

 

Tengo 71 años, hace 53 años que vivo en la Orden de la Merced. ¡Cuánta gratitud a Dios y a Ntra. Sma. Madre!

Nací en una familia profundamente cristiana en Bilbao, Vizcaya (España), donde fui creciendo junto a mi hermana y hermano, arropados por el inmenso cariño de nuestros padres. Ellos fueron mis mejores maestros para conocer y amar a Dios y a la Virgen Sma. Viví una niñez y juventud muy felices, dentro de la austeridad propia de la postguerra española.

Fui alumna del Colegio de la Merced de Bilbao, de donde pasé a la Escuela de Magisterio.
Amaba con locura a la Virgen y Ella me llevó a enamorarme de su Hijo. A los 13 años le prometí que sería solamente de Él. A los 18 entré al convento.
Durante 21 años fui profesora en el colegio, ya que éramos contemplativas con apostolado desde el año 1922, aunque anteriormente, desde el comienzo del Monasterio (año 1621) era un monasterio puramente contemplativo.
Me cogió toda la época del Concilio Vaticano II, con sus luces y sombras, con sus gozos y cruces, pero, al fin, ¡tiempo de gracia de Dios!
Al renovar nuestras Constituciones pasé, en el año 1978, a nuestros orígenes monacales de vida contemplativa. A pesar de las dificultades de todo género, siempre experimenté en mi alma la paz y el amor de mi Dios y la cercanía maternal de Santa María de la Merced. También me tocó comenzar esta casa de Noja, donde he palpado sensiblemente la Providencia de Dios en medio de todas nuestras necesidades espirituales y materiales. "¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor!"
En la Merced Contemplativa encontré todo lo que ansiaba mi corazón: el amor a mi Dios, la ternura de la Madre de la Merced, una familia estupenda: mi comunidad, y un campo de apostolado inmenso: todos los cautivos del mundo, de todo género, para redimirlos con la entrega de cada minuto unida a Jesús.
¡SOY FELIZ! ¡Mi alma glorifica al Señor!
Vivo el gozo de la entrega en la espera del encuentro con el Señor. ¡VEN, SEÑOR, JESÚS!

- Testimonio redactado en 2008 -